Escultor. Crea sus ideas en diferentes materiales
EFE. REPORTAJES. El Escultor de 46 años, Amancio González trabaja en su taller de León (España) con una serie de bustos de grandes autores literarios, pero esto no le impide escaparse a desarrollar actividades creativas en otros lugares del mundo, desde México a Turquía.
Un buen día, después de acabar su servicio militar, Amancio González se sintió atraído por el tronco seco de un árbol frutal y comenzó a darle nueva forma. Desde entonces, jamás dejaría de esculpir.
Aunque trabaja también con el hierro, el bronce o la piedra, Amancio González se destacó desde el principio por su maestría en las obras desarrolladas sobre piezas de roble, olmo, manzano o pino, que le permiten encontrar maravillosos mundos imaginarios, tiernos y líricos.
El artista trabaja la madera con cariño, respetando sus rugosidades, sus vetas, permitiendo que la propia belleza de la materia siga compartiendo el protagonismo de la creación artística.
Entrar en la galería en la que el autor muestra sus últimos trabajos (Armaga, León) es una formidable experiencia. La primera sensación es olfativa; flota en el aire el perfume de la materia. Luego, la segunda, es una sensación de gozo al descubrir un mundo personal, onírico y enigmático, en el que al arte del escultor se une la belleza caligráfica de la madera.
Para Amancio González, la madera en sí lleva ya la belleza sublime de lo natural, pero el artista tiene la obligación de ennoblecerla con el genio creador.
Entre las nuevas obras que presenta destaca un curioso “Hombre pájaro con globo terráqueo”. “La obra –dice– nace de una imagen que siempre he tenido en la cabeza, se trata de un niño con una pelota de playa frente al mar, con la sensación del excesivo volumen de la pelota frente al tamaño del niño, la impresión de ausencia de peso y de influencia de la gravedad”.
Un personaje humilde. “Mi intención –agrega– era reproducir esa imagen en una escultura, en este caso en un grueso tronco de roble; si te fijas, las manos del hombre-pájaro apenas aprietan la bola, simplemente la sujetan. La sensación de que la enorme bola de roble no pesa y se nos puede ir para arriba es tal que no me quedó más remedio que alargar la cabeza del niño y convertirla en la de un pájaro, de esta manera la fuerza o energía que la bola proyecta es controlada por el pico de lo que ahora es el hombre-pájaro. Este es otro ejemplo más de cómo una idea inicial varía o se transforma en otra durante el proceso”.
Es un personaje humilde, sencillo, que dice que él “tropezó con el arte”. A los 17 años dejó el instituto tras haber aprobado un examen en una empresa ferroviaria, aunque continuó estudiando música y pintura en la academia de un artista local, hasta que a la vuelta de la milicia se sintió atraído por un tronco seco.
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