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27 Enero 2012, 10:54 PM
Impacto y armonía en “50 años de signos”

Manuel Hernández. En la Galería Nacional de Bellas Artes un gran artista colombiano expone pinturas y dibujos con los que resume su experiencia artística en obras sobre ideas diversas que sin embargo guardan una raíz común

Escrito por: MARIANNE DE TOLENTINO

La primera exposición del año suele ser esencial, y, en la medida de lo posible, si es una individual, se presenta a un artista renombrado con obras contundentes.

Empezando el 2010, la Galería Nacional de Bellas Artes expuso a Fernando Botero; el año pasado, fue Alberto Bass; y ahora, Manuel Hernández, gloria del arte moderno y contemporáneo, ha traído pinturas impresionantes que corresponden a medio siglo de investigaciones, llevando el signo a su paroxismo. Junto a las telas, él quiso mostrar dibujos, espontáneos, gestuales, intensos.

La exposición, que ocupa las dos plantas de la Galería, ha sido curada por Eduardo Serrano, famoso crítico e historiador del arte de Colombia, quien realizó el montaje, con la colaboración del arquitecto Fernando Ottenwalder, también diseñador del catálogo y los elementos gráficos. Por cierto, caracteriza a ese evento su tiempo de planificación y preparación desde hace varios meses, de manera metódica y coordinada.

El maestro Manuel Hernández manifestó un interés muy particular por esta retrospectiva, con la asistencia eficaz de su esposa Pilar en Bogotá y de sus hijos, uno de ellos en la República Dominicana asumiendo una presencia significativa.

Una verdadera labor de equipo acompañó todo el proceso, en los aspectos organizativos y económicos, encabezada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y su Departamento Cultural, tomada muy en cuenta por el Ministerio de Cultura de Santo Domingo. Esta dinámica participativa la compartieron en sus mecenazgos, Central Romana Corporation, Ars Palic salud, Proseguros, Casa de Campo. Todos, con roles y acciones respectivas, se comprometieron, incluyendo a la prensa, para el éxito de lo que consideramos un acontecimiento.

De hecho, esa acción conjunta es la culminación de un proyecto –para no calificarlo un sueño- desde que descubrimos la obra de Manuel Hernández… hará unos 25 años en Bogotá, y que definitivamente tomó cuerpo a raíz de una muestra de miniformatos del maestro en la Embajada Colombiana en el 2007.

Hubo pues muchos factores, voluntades y contribuciones diversas que permitieron este logro artístico y cultural.

Cuadros de una Exposición.  Hacía tiempo que Manuel Hernández se había replanteado la imagen, considerando que su época figurativa había concluido, desapareciendo las referencias a la naturaleza. Sin desechar la visión del mundo, su pintura se había vuelto la visión de su mundo, una introspección en formas, colores y composición, incluyendo materia y espacio entre los componentes plásticos.

Ahora bien, quienes descubrieron al artista y su obra, en un momento preciso y ya maduro, desconociendo a los antecedentes, han experimentado siempre un choque estético, una embriaguez emocional ante aquella iconografía única. Trátese de una nueva geometría, de una “surrealidad” ignota o del imperio de los signos, se identifica  o la proyección de un aliento vital y un campo de fuerzas en los lienzos y los papeles.

Esas corporeidades, independientes y contundentes, marcaban ciertamente un momento importante en la historia del arte colombiano y la década del 70.

Nos fascinó que lo sintiese así Eduardo Serrano, conocedor profundo de ese lenguaje: “Cuando vi por primera vez la pintura de Hernández en los años setenta me produjo la grata sensación de hallarme ante una obra, no sólo de carácter diferente a todas las demás sino que se presentaban en Colombia en esa época, sino ante el inicio de una trayectoria cuyo desarrollo habría de incrementar de manera considerable el interés de la escena artística nacional”.

El mismo maestro Hernández, juez imparcial de su trabajo, señaló el año 73 como un nuevo punto de partida, a la vez que destacaba la raigambre latinoamericana en ese desarrollo innovador. En cada cuadro, las unidades parecen cobrar una vida orgánica propia, y el artista ha elaborado su obra, (pro)creando un cosmos. Referirse al “planeta Hernández” tendría fundamento: signos-criaturas, signos-espacios, signos- atmósfera.

Quienes ven por primera vez estas obras en Bellas Artes, se sienten emprendiendo un viaje iniciático por el itinerario del artista. Contemplamos una formulación a la vez estática y vital, construida con un equilibrio que transmite serenidad y vibración ignotas, cualidades perdurando ano tras año hasta hoy. Alternan –pues adrede la museografía evitó la distribución cronológica- 36  pinturas de grandes dimensiones, desde el “Signo fugitivo #1” del 1969 –perteneciendo a los albores del tiempo sígnico-, hasta el “Signo trazo” del 2010, sin que olvidemos el encanto de variaciones dibujísticas que alcanzan el 2011. Son forma, color y espacio, los que gobiernan la disposición de las piezas, y siempre se ha permitido a cada formato mayor respirar, propiciando una pausa antes del siguiente.

Quizás lo más asombroso consiste en que Manuel Hernández ha mantenido una coherencia absoluta, pero que jamás sus signos se han repetido… prodigio de la imaginación e imaginería –¡sí, hay aquí algo secreto y sacro aún!-. Esta muestra nos lleva de sorpresa en sorpresa, de fruición en fruición… Sólo nos falta aquí su magistral transposición a la escultura, pero no se debe pedir demasiado.

La Galería Nacional de Bellas Artes vive un momento privilegiado al tener la oportunidad de presentar estos “50 años de Signos”, firmados por un inmenso talento que escribe en colombiano y latinoamericano.

Las frases

 “Mis “signos” nacen de una emoción comunicante que me entrega el juego de blanco y negro”

“Al tocar el papel se comienza la obra”

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