Diseñador. Se suicidó al no poder superar la muerte de su madre
Efe-Reportajes Se cansó de vivir a sus 40 años, semanas antes de presentar su última colección en París y diez días después de la muerte de su madre, a la que estaba muy unido y cuya desaparición, según los medios británicos, no superó.
McQueen hizo público el fallecimiento de su madre a través de su página de Twitter, en la que dejó escrito: “But life must go on!” (¡Pero la vida debe continuar!). El domingo anterior a su suicidio, el diseñador escribía a través de esta red social que había pasado una semana “jodidamente horrible”, agradecía el apoyo de sus amigos y afirmaba: “De alguna manera tengo que reponerme”.
Modisto precoz. De orígenes humildes, sexto hijo de un taxista, Alexander creció en el deprimido barrio londinense de Stratford, donde, a una edad muy temprana, ya diseñaba trajes para sus hermanas.
Convencido de que la moda era su vida, a los dieciséis años abandonó los estudios y comenzó el aprendizaje de la profesión en la famosa y gran calle de los sastres a medida de Savile Row, donde tuvo como clientes al presidente soviético Mijail Gorbachov y al Príncipe de Gales.
Cuatro años después hizo las maletas y se instaló en Japón, y luego en Milán, ciudades en las que trabajó con los diseñadores Koji Tastuno y Romeo Gigli, respectivamente.
Su aprendizaje lejos de casa y su brillante y pronta carrera le permitieron acceder a la prestigiosa escuela de moda londinense Central Saint Martin’s College. Su trabajo de final de carrera sorprendió a todo el mundo, sobre todo a Isabella Blow, quien adquirió todos sus modelos y los lanzó a la fama.
El diseñador, conocido en sus comienzos como el “hooligan” de la moda inglesa por su imagen atrevida, que aderezaba con un pelo rapado, vaqueros destrozados y botas de estilo militar, fue uno de los creadores más jóvenes en recibir el título de Diseñador Británico del Año, que logró cuatro veces entre 1996 y 2003.
Sus diseños, siempre tan novedosos como extravagantes, le llevaron a ser el diseñador jefe de la firma francesa Givenchy, título que le concedió el presidente de LVMH, Bernard Arnault, tras la salida de John Galliano en 1996.
Le gustaba tanto crear y diseñar como presentar sus trabajos en las grandes pasarelas del mundo. “Un desfile debe ser emocionante y divertido, debe incitar a la imaginación del público, pero a veces es imposible. Por un lado está la parte comercial de la moda, -hay que vender- y por otro, la creativa. Son imposibles de combinar y hay que ceñirse a una o a otra”, decía McQueen.
Las claves
1. Gucci
En 2000, McQueen se asoció con la firma Gucci, que compró el 51% de sus acciones. Con el dinero recibido, Alexander cumplía uno de sus sueños: abrir tienda propia en Nueva York, Milán y París.
2. Provocador y rebelde
En una chaqueta que realizó para el Príncipe de Gales escribió “soy gilipollas”, según recuerda la actriz Chloe Sevigny en un reportaje emitido por televisión.
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