21 Julio 2012, 11:09 PM
Los que no devuelven saludos

El pequeño burgués no valora a casi nadie, por lo que saluda a pocos

Escrito por: Mario Emilio Pérez

Cuando alguien no responde nuestro saludo se dice que nos dejó fabricando, o que nos hizo un hielo.     Y recuerdo a un amigo que se autocalificaba de marxista leninista, pese a que no era miembro de ninguna organización de izquierda, y teorizaba sobre las características de los “hieleros”.

-La mayoría de estos personajes pertenece a la clase media, y un ideólogo comunista dijo que la pequeña burguesía era pequeña en todos los órdenes, y he comprobado a lo largo de mi vida que esa frase contiene una gran verdad- manifestó una tarde ante un improvisado auditorio en el parque Independencia.

-Los clase media provenientes de los sectores marginados de la sociedad-agregó- sufren ataques de pánico cada vez que perder un empleo los coloca cerca de volver a pasar por la situación de olla que vivieron; y es que ingerir solamente una o dos de las tres comidas establecidas, después de un tiempo dándose tres o cuatro jarturas, es lo más parecido al infierno bíblico.

-No veo ninguna relación entre eso que dices de la clase media, y la tendencia que le atribuyes a sus miembros de hacerles desaires en algunas ocasiones a quienes los saludan.    Quien habló fue uno de los contertulios, provocando que el improvisado teórico asumiera una pose de abogado en estrados, antes de retomar su discurso.

-Calma, calma, que ahí voy a llegar. Así como el clase media teme devenir en desbaratado económico, al mismo tiempo aspira llegar a rico, y hasta a millonario. Para eso apela a toda clase de artimañas con el fin de lograr su objetivo, especialmente la coba a los poderosos, y el echar a un lado los escrúpulos morales cuando de hacer fortuna se trata.

- Sigo sin ver en ninguna parte de tu exposición el origen hielero de los pequeñoburgueses- insistió el contertulio, ostensiblemente fastidiado.

-Es muy sencillo explicarlo. El clase media ignora a sus iguales, los cuales le son indiferentes; mientras tanto, desprecia a los de abajo, y aunque apela con fines espurios al halago de los burgueses, en el fondo siente por ellos profunda envidia; es decir, que el pequeño burgués no valora a  casi nadie, por lo que saluda a pocos, ¿entendido?

Aunque la interrogante no halló respuesta en el auditorio, el disertante esbozó una sonrisa de autosuficiencia.

Compartir:
Comentarios
0 comentario(s)
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña