Aflojar los breteles
Ya no hay muchos hombres que usen breteles. Esa moda masculina entró hace tiempo “en franca declinación”. Tan masculina era esta prenda de vestir que con frecuencia oíamos: “qué breteles tiene ese hombre, ha desafiado al sujeto más peligroso de la ciudad”. “Breteles” fue en otra época sinónimo de valor, sustituto metafórico de “testículos”. Antes se decía: el uso de “breteles” evita la necesidad de apretar el cinturón; algunos aseguraban: un cinturón apretado deja una marca sobre el hígado; por tanto, los breteles son más saludables “que las correas ajustadas”.
Junto con la decadencia del uso de breteles coincide el auge del “calzoncillo atlético”. Algunos higienistas sostienen que esta prenda íntima es responsable de la disminución del tamaño de los testículos en “el varón actual”. El antiguo calzoncillo permitía la expansión y retracción del escroto, según la temperatura subiera o bajara. Esta función natural parece estar conectada con la producción de espermatozoides. El nuevo calzoncillo no deja en libertad los testículos; y contribuye a su empequeñecimiento o atrofia. Añaden que el valor y la audacia de los hombres han mermado en la misma medida que los testículos. Esos “higienistas” están convencidos de que si este “proceso” continúa en curso los hombres no se atreverán a nada riesgoso; y abandonarán toda actitud heroica en el campo político. Vendrá una “edad de hombres mansos” en la cual los varones adultos consentirán ser manejados mediante “disposiciones municipales transmitidas por televisión”. Irán al trabajo como ovejas a pastar y volverán al redil al anochecer. Serán dóciles, adaptables y, probablemente, felices. A pesar de los múltiples elogios prodigados a los breteles contra los cinturones, son los breteles que han periclitado. Se sigue diciendo: “para sobrevivir a las crisis económicas habrá que apretarse el cinturón”. También se dice todavía: “apriétense bien los pantalones; tenemos que fajarnos a trabajar mucho más que el año “pasado”. En los dos casos la correa es protagonista, más importante que los breteles. Tanto para enflaquecer en las crisis como para luchar hasta superarlas con trabajo. Parece que los breteles oprimían ciertos músculos de la espalda. Llegó un día en que los hombres decidieron “aflojarse los breteles”; se sintieron como burros que se libran de los aparejos.
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