Constituye aberración tipificar de loco a Guillermo Fariñas
El impacto de la muerte del disidente Orlando Zapata, y el acoso y atropello contra las mujeres que en plena calle reclaman valientemente la libertad de sus hijos, esposos y familiares encarcelados, constituyen expresiones del otoño del proceso revolucionario cubano. Podríamos estar ante una réplica del trágico final que tuvo en Rusia la revolución bolchevique y no, desafortunadamente, en la antesala de una primavera que reverdezca los ideales que hicieron posible el triunfo de la ilusión del 59.
La ilusión que los impulsó fue el de una nueva Cuba fundada sobre la base de la tríada de la revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Por la igualdad y la fraternidad el pueblo cubano ha ayudado a Angola, Haití y Sudáfrica, etc., sin embargo, su dirección ha sido incapaz completar esta tríada y ha instaurado un régimen que desprecia la libertad política, justificándolo con una particular concepción de la libertad inexistente en ideal de las principales corrientes del socialismo.
La negación del derecho a trabajo a quien se le considera desafecto al régimen y los problemas de la economía han incrementado el disenso y el retraimiento de vastos sectores de la población, de los jóvenes y de sectores de la población negra que reclaman mayores niveles de integración en las diversas instancias del poder y de la sociedad en general.
La respuesta a esta circunstancia ha sido la criminalización de las protestas y de la demanda de libertad, la estigmatización de la disidencia como parte del “complot mediático imperialista y de la Unión Europea”. Al igual que ayer en los ex países socialistas, en Cuba, el diversamente pensante es un “agente de las potencias extranjeras” y al igual que ayer, la mayoría de los militantes de izquierda se limitan a repetir las mismas justificaciones de los sepultureros del proceso revolucionario.
Constituye una aberración tipificar de loco o mercenario, a gente como Guillermo Fariñas, cuyas heridas de balas en su espalda, fruto de su lucha por la libertad de Angola testimonian su coherencia política y personal, cuando persigue muchos que han arriesgado sus vidas en una misiones en diversos países y cuando tolera el acoso, violencia física y sicológica contra las mujeres que desfilan en las calles para exigir sus derechos.
La revolución cubana ha sido acosada, invadida militarmente, agredida y cercada por la política intervencionista de los Estados Unidos, ese factor no se puede infravalorar, pero la esencia de los problemas de Cuba hay que buscarlo en una forma de dirección política que no ha sido capaz introducir las imprescindibles reformas políticas y económicas que inviertan la tendencia hacia el colapso total del sistema y que eviten la instauración de otro similar al en los ex países socialistas.
Si esto último sucediese, las posibilidades de construir alternativas políticas creíbles y eficaces desde una perspectiva de la igualdad, la solidaridad y la libertad no solamente en esta región, sino en todo el mundo, se reducirían a su más mínima expresión. El verdadero crimen es dejar que esto se produzca por pusilanimidad o cortedad política.
|
|
|











