Cerrar
Cerrar
Cerrar
25 Julio 2009, 9:48 PM
Llevarse el cocinero sí es un delito

El robo del patrimonio nacional está a la vista de todos

Escrito por: JUAN BOLÍVAR DÍAZ

Salí del encuentro-almuerzo convocado el jueves por el Presidente de la República con ejecutivos y comentaristas de medios de comunicación con un triste sentimiento de frustración, con esa sensación de que la ética y la política están definitivamente divorciadas y no hay orientador espiritual ni sicoanalista que pueda reconciliarlas.

Por un lado ví al viejo amigo Leonel Fernández presentando un gran legajo de leyes aprobadas en los últimos años para mejorar la administración pública y prevenir la corrupción administrativa. Ahí  estaba el apreciado abogado, el mismo que nos acompañó tan generosa, honorífica y valientemente en la defensa de la ley de profesionalización de los periodistas, entre 1989 y 1991.

Por otro lado advertía al “político pragmático” que proclama una y otra vez que en su gobierno ha habido, hay y habrá voluntad para combatir la corrupción, pero al mismo tiempo titubea ante medidas específicas para combatirla, proclama las dificultades de probar la prevaricación y malversación y hasta llega a establecer teorías como esa de “que un funcionario se llevó el cocinero para su casa, está mal, pero no es un robo. Se trata de debilidades del sistema administrativo”.

Ciertamente que las nuevas leyes de Hacienda, de Presupuesto, de Crédito Público, de Tesorería, de Compras y Contrataciones, de Planificación e Inversiones, de Función Pública, como la de Defensor del Pueblo, la que penaliza el robo de energía y otras han sido aprobadas en la última década, muchas de ellas promulgadas por el doctor Fernández.

Pero también es cierto que ese legajo impresionante de reformas fue aprobado a regañadientes, a cuentagotas, casi impuestas por el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica, por los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, o por la presión de instituciones nacionales y extranjeras. De ellas algunas no se han cumplido en absoluto, y otras apenas se observan a medias, como las referentes a las compras y contrataciones del Estado.

Con frecuencia se escucha a políticos y autoridades judiciales excusar la impunidad bajo el alegato de que las leyes son blandas o no castigan específicamente muchos delitos de la administración pública. Y en parte tienen razón, porque al hacerlas se han cuidado de dejar suficientes brechas para que siga el reparto, la apropiación de los recursos del Estado no sólo para el enriquecimiento personal, sino también para realizar actividades políticas.

Es que el robo del patrimonio nacional está a la vista de todos en el boato, en la ostentación de riquezas, en las mansiones y el gasto, pero también en una actividad política que se ha encarecido desproporcionadamente. Ya hasta para ser candidato a regidor se precisa de mucho, mucho dinero, que casi nunca sale de la fortuna personal, sino del robo directo o indirecto al Estado, de la malversación del erario público. Malversar es, según la Real Academia de la Lengua, “invertir ilícitamente los caudales públicos, o equiparados a ellos, en usos distintos de aquellos a que están destinados”.

Con limitaciones o ambigüedades, la Constitución de la República, el Código Penal, y la Ley de Función Pública condenan no sólo toda apropiación de los recursos estatales, sino también el tráfico de influencias y hasta la asociación de malhechores. Pero los vacíos que puedan tener bien pueden ser llenados, con propuestas específicas que no se ven. Por ejemplo, en su proyecto de nueva Constitución el presidente Fernández  desaprovechó una gran oportunidad.

Que un funcionario contrate hasta un chef y le pague con los recursos bajo su administración y se lo lleve para su casa, puede ser que no esté contemplado como un robo, pero lo es. Según ese planteamiento si el funcionario se roba el dinero para pagar el chef  sí roba. Pero si ordena que lo paguen por la nómina, es sólo una “indelicadeza”, según el código que el clientelismo balaguerista impuso y que sus sucesores han continuado,

El problema es de política, no legal, y viene desde arriba, como forma de hacer política, de buscar mantenerse en el poder, o retornar a él. Puede ser con el chef, el barrilito, las nóminas y nominillas, las fundaciones, las tarjetas de crédito, o como se le quiera llamar. Si fuera legal por lo menos hubiésemos visto muchísimas cancelaciones, para lo cual ningún presidente requiere código especial.

Compartir:
Comentarios
2 comentario(s)
Reportar como inapropiado
Escrito por: Calvario, 26 Jul 2009 8:15 AM
De: República Dominicana
Una buena forma de fijar posición contra el manejo presidencial a los hechos de corrupción es no acudir a sus convites, no compartir con ninguno de ellos en sus respecitvas mesas. Y, desde luego, tampoco salir de ahi ya sea dando muestras de creer en sus palabras, justificaándolos, esperanzados, o en el mejor de los casos tratándolos de "viejo amigo". A los viejos amigos se les dicen las cosas de frente, sin paños tibios. Vieja amiga tuya soy yo, que honro esa amistad por encima de disgustos, disparidades y distancias. Los lectores de periódicos y las audiencias de los programas merecemos algún indicio de que los medios están dirigidos por personas de nuestro lado, no del que nos perjudica. Podríamos estar sintiéndonos burlados, incluso traicionados, vendidos a precio vil. Pero, aquí caemos de nuevo en el tema de la publicidad gubernamental, las botellas de relaciones públicas, asesorías, y demás favores y beneficios. Créeme que no soy la única molesta con esos festines y sus secuelas.
Reportar como inapropiado
Escrito por: Apolinar, 26 Jul 2009 11:59 AM
De: República Dominicana
Este individuo, como dice el cuento de politica criolla, "sabe mucho pero no entiende nada". Ya lo dice en el ultimo parrafo, el problema es "buscar mantenerse en el poder, o retornar a el". Entonces el problema es social, de la sociedad dominicana, no del presidente.
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña