Cerrar
Cerrar
Cerrar

La destrucción de escuelas y planteles educacionales a causa del terremoto tenderá a agravar la situación en los próximos años en Haití.
AFP/THONY BELIZAIRE

19 Marzo 2010, 7:21 PM

¿Qué está perdiendo de vista la propuesta de ayuda al pueblo haitiano?

Haití está entre los 180 países más corruptos del mundoSe necesita eliminar la deuda externa en Haití

Escrito por: HAROLD A. VÁSQUEZ RUIZ

Especial para Hoy
A raíz del terremoto ocurrido en Haití el pasado 12 de enero, han surgido diversas propuestas con la intención de encaminar  a dicha nación hacia la vía de un desarrollo sostenible y duradero, pero si estas no se encuentran acompañadas de políticas públicas que incrementen los niveles de transparencia y de compromiso del propio Gobierno Haitiano en ejecutar medidas orientadas al fortalecimiento de sus instituciones, la ayuda internacional que se proporcione nunca podrá cumplir su cometido.

Algunos le  apuestan al impulso de un plan de reconstrucción tipo “Plan Marshall”, como el desarrollado por  Estados Unidos durante 1948-52 para la reconstrucción de Europa,  devastada por la Segunda Guerra Mundial,  que permita  levantar nuevas infraestructuras como puentes, calles, carreteras, escuelas y viviendas en  Haití. 

Otras iniciativas optan por  la eliminación de la deuda externa de Haití, la  creación de un “fondo especial” para que los pagos de deuda  externa de los países del Caribe sean canalizados como ayuda hacia el pueblo haitiano, idea sugerida por el Presidente Leonel Fernández en días pasados, y la expansión de programas de ayuda por parte de la comunidad internacional, orientados a mitigar el hambre y la pobreza.

Esto por sí mismo es significativo pues Haití necesita la ayuda y los recursos de la comunidad internacional para salir adelante y los necesita urgentemente. Sin embargo, dependerá de la forma en que esta ayuda se provea para determinar si este demolido país logrará levantarse y transitar el camino al desarrollo junto con otras naciones del continente o, por el contrario, terminarían por agravar aún más los problemas que han mantenido al pueblo haitiano en la pobreza extrema durante las últimas décadas.

Digamos, para ejemplificar, que es como si recibiéramos una llamada que nos informa que nuestro mejor amigo, que no tiene empleo y vive prácticamente en la calle, ha sido hospitalizado debido a una extrema cirrosis hepática, la cual es fruto de su alcoholismo. Sin duda alguna le tenderemos la mano y de inmediato iremos en su ayuda, pero dependerá de cómo le demos esta para saber si cortamos de raíz el mal o sólo contribuimos con un simple paliativo. ¿Qué hacer entonces para este compañero en desgracia  encuentre la cura a sus problemas? Le podríamos saldar la factura hospitalaria y liberarlo de esa carga financiera para que sea atendido adecuadamente por los doctores y lo den de alta con buenos resultados.

No obstante, dicha “solución” no elimina su problema fundamental: el alcoholismo. Nuestro amigo seguirá siendo el mismo alcohólico que era el día antes de ser hospitalizado, y lo seguirá siendo el día después de salir del nosocomio, a menos que también incentive un cambio en su conducta.

De no ser así, prepararte para recibir la próxima factura hospitalaria. Haití ha sido la nación más pobre del hemisferio occidental, y una de las más pobres del mundo. En Haití, por ejemplo, el 80% de sus habitantes viven en pobreza con ingresos de menos de dos dólares al día y un 56% de los mismos son considerados indigentes o no logran satisfacer necesidades mínimas alimentarias. 

Las principales razones por las que Haití presenta tan elevados índices de pobreza se deben a que dicho país ha vivido durante décadas entre dictaduras e inestabilidad política, una carencia total de protección a los derechos y bienes ciudadanos, la virtual inexistencia de instituciones fuertes, altos niveles de corrupción, y unos gobiernos nacidos de un proceso democrático que no han podido satisfacer a niveles básicos las principales necesidades de sus ciudadanos. Lamentablemente, sería difícil admitir que esta situación  cambiaría en Haití después del desastre natural.

Se ha propuesto encaminar el pueblo haitiano hacia el desarrollo consiste en la elaboración de un fondo de reconstrucción, estimado entre US$10,000 y US$15,000 millones de dólares, orientado al levantamiento de nueva infraestructura: calles, puentes, carreteras y viviendas. Dicho plan de reconstrucción, señaló el ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, Lawrence Cannon, deberá responder a las “aspiraciones” del pueblo haitiano, y su objetivo principal consiste en desarrollar la infraestructura básica y necesaria para que Haití pueda atraer inversiones locales y foráneas que generen empleos.

Esta intención política es alentadora, pero su efectividad será mayor si viene acompañada de un fortalecimiento del marco institucional y de derechos de propiedad de esa nación. Durante la década de los 90 -quizás la más ilustre para América Latina-  en términos de crecimiento económico, el ingreso per cápita de Haití decreció en un 1.6%, mientras que en América Latina y el Caribe se registró un crecimiento promedio de 1.2%, en el mismo periodo.

sta diferencia en el crecimiento per cápita promedio entre Haití y el resto de países de la región ha continuado acentuándose durante los últimos diez años, ya que el ingreso per cápita promedio de esa nación  declinó un 0.9%, mientras que para el resto de América Latina y el Caribe esta cifra aumentó en un promedio de  1.7%, durante la década del  2000.

El pobre desempeño del ingreso per cápita del pueblo haitiano se fundamenta en que esta nación basa su economía productiva en un rudimentario sector agrícola, y en el empleo de mano de obra barata que realizan las industrias de zonas francas y textiles (maquiladoras), las cuales producen bienes que no generan mucho valor agregado. Además, ambas industrias han sido significativamente afectadas por la alta competencia internacional proveniente de otros países, que poseen una mano de obra barata y mucho más productiva. 

Haití no cuenta con un sector industrial que invierta sostenidamente en proyectos de capital a largo plazo que incluyan el uso intensivo de maquinarias y equipos de tecnología,  necesarios para la generación de empleos de mediano y altos ingresos.

El alto nivel de inflación observado en la economía haitiana (15.1%), más del doble del promedio observado en la región, durante los últimos 10 años, incrementa significativamente el costo de financiamiento del capital y reduce los niveles de inversión. Por esto, el fortalecimiento de instituciones que fomenten el uso adecuado de las finanzas públicas y promuevan la estabilidad macroeconómica es esencial para atraer inversionistas extranjeros.

De no cumplir con estos objetivos, el solo hecho de construir calles y carreteras, entre otras infraestructuras, no será suficiente para que inversionistas decidan tomar el riesgo de colocar capitales e inversión de largo plazo en el país vecino. Aún así, si existiesen inversionistas dispuestos a realizar proyectos de capital de largo plazo, Haití enfrenta el problema de que cuenta con una mano de obra técnica muy poco calificada. En Haití se estima que tan solo un 63% de sus estudiantes termina la educación primaria, y apenas un 53% de su población se encuentra alfabetizada. Lamentablemente, la destrucción de escuelas y planteles educacionales a causa del terremoto tenderá a agravar dicha situación en los próximos años.

Es por esto que dentro de los planes de reconstrucción se deberá incluir partidas significativas orientadas a la mejora de la infraestructura escolar, pero la sola reconstrucción de escuelas y universidades no será suficiente para incrementar el nivel de calidad de la mano de obra haitiana. Por ejemplo, antes del terremoto, las estadísticas indicaban que aproximadamente un 80% de los haitianos con niveles educativos elevados han emigrado hacia el exterior, generando el fenómeno conocido como ''fuga de cerebros''. Este fenómeno, que es común en países en vías de desarrollo, es el producto de la falta de oportunidades que tiene la mano de obra especializada para ascender económicamente en base a sus capacidades.

Esta falta de oportunidades es la causa de que unos dos millones de haitianos emigraran en busca de una mejor calidad de vida. La principal muestra del deseo de trabajo y superación del emigrante haitiano se evidencia en que los mismos aportan anualmente en remesas unos dos mil  millones de dólares, o el equivalente al 30% del Producto Interno Bruto (PIB).

En países donde los gobiernos juegan un rol determinante en la actividad económica, y que además se caracterizan por altos niveles de corrupción, la superación individual no está dada por el nivel de formación y competencia de los individuos sino, más bien, por el nivel de acceso a favores gubernamentales. Es decir, cuando el Gobierno desplaza significativamente el sector privado de la actividad económica y las instituciones públicas se caracterizan por elevados niveles de corrupción, el ascenso económico viene dado por la facilidad de acceso a contratas gubernamentales y el uso de sobornos para contar con favores políticos. 

Bajo este esquema, el rendimiento de la inversión en educación y actividades productivas que realiza un individuo se reduce considerablemente con respecto al rendimiento obtenido por emplear su tiempo en actividades no productivas, como es el caso de obtener favores políticos. La corrupción gubernamental y la adquisición de canonjías públicas sobrevaloradas no es una actividad que genera riquezas, sino que las redistribuye, ya que  se fundamenta en la transferencia de recursos por medio de impuestos desde el sector productivo hacia los individuos que adquieren el beneficio o favores del Estado.

El problema de la corrupción en Haití es mayúsculo. Acorde a un informe emitido por Transparencia Internacional, de una lista de 180 países, Haití aparece como uno de los países más corruptos del mundo En 2009 ocupó en   la posición  168. Por esto, aunque la reconstrucción de nuevos planteles educacionales es determinante para la generación de una mano de obra especializada que permita elevar los ingresos del pueblo haitiano, dicha política no tendrá los efectos de promover el desarrollo si la mano de obra calificada  sigue emigrando  por la falta de oportunidades. Por esto, es necesario que la inversión en educación venga acompañada del establecimiento de una serie de objetivos que tiendan a incrementar el nivel de transparencia y reducir el nivel de corrupción en el Gobierno.  No hay otro camino posible para que este país algún día pueda ser.

La cifra

1,600 millones de dólares.  Recibió Haití en desembolso de ayuda externa de 2004 a 2007,   provenientes  de EU, Canadá y Francia. La ayuda  no incluye aportes de ayuda humanitaria de Brasil, México, Argentina, China y Reino Unido.

Zoom

Deuda externa

Otra de las propuestas sugeridas y retomada ya para ayudar al levantamiento del pueblo Haitiano es la eliminación de su deuda externa, con la finalidad de que el Gobierno pueda disponer de mayores recursos para la realización de obras sociales e incremente el nivel de inversión en capital humano. Esto produjo que en días recientes el Club de París decidiera condonar unos US$5.7 millones  de deuda, a petición del Gobierno Francés. Esto no sería novedoso al cien por ciento pues ha de señalarse  que en junio de 2009, gracias a la iniciativa de alivio de deuda para países empobrecidos altamente endeudados, Haití fue beneficiado con una cancelación de deuda de unos US$638 millones, reduciendo su deuda hasta el nivel de US$1,250 millones, la cual, en más de un 50% está repartida entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional.

Compartir:
Comentarios
0 comentario(s)
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña