El esperado debate entre Danilo Medina e Hipólito Mejía en el marco de un evento organizado por la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE), anunciado para el 17 de abril parece que no se dará.
No hubo forma de coordinar los equipos de campaña de ambos, para celebrarlo en la fecha propuesta, con la queja arrastrada de los otros cuatro aspirantes a la Presidencia que reclamaban el derecho a participar en el mismo. Si bien se trata de mover el duelo verbal para una nueva ocasión (se ha hablado del 3 de mayo, a solo 17 días de las elecciones) parece que las posibilidades de que se efectúe son bien remotas.
En sustitución el Grupo de Comunicación Corripio ha tomado la acertada iniciativa de organizar sendas exposiciones en forma individual, pero con la participación también de los otros cuatro candidatos. Y aunque estos, de acuerdo a las encuestas, lucen fuera de competencia, la oportunidad de escuchar sus planteamientos le da un sentido de mayor amplitud democrática al proyecto.
La suspensión del debate seguramente será lamentada por quienes estaban gozando por anticipado lo que pensaron podía ser el disfrute de un movido espectáculo de naturaleza incendiaria entre los dos punteros. No había por qué dudarlo si recordamos el tono acusatorio y contracusatorio que cada vez más ha ido subiendo de tono en el discurso político.
Había en todo caso en muchos, más un interés morboso en el posible intercambio de adjetivos de acento subido que en planteamientos de real sustancia. Fue por ello que abrigamos la preocupación de que el diapasón acusatorio pudiera a fin de cuentas dejarnos vacíos no solo de propuestas importantes, más que de promesas de campaña, sino de los mecanismos de ejecución de las mismas. Estas llegan a prodigarse hasta tal punto, que llega un momento en que uno se pregunta si hay reales posibilidades de hacerlas viables. Bueno recordar que si se aplicaran al pie de la letra las diferentes leyes que especializan fondos para la UASD, la educación, los ayuntamientos y otras que han sido aprobadas por el Congreso, sin al parecer una previa identificación de las disponibilidades presupuestarias, que el remanente sería más que insuficiente para cubrir desde el pago de la nómina hasta otros gastos esenciales del Estado.
Si a todo ello sumamos prometidas condonaciones de deudas y financiamiento de nuevos programas de ayuda a determinados sectores sociales, la disponibilidad sobrante sería todavía mucho menor. El serial de exposiciones organizado por el Grupo de Comunicación ofrece la oportunidad de requerir de los aspirantes respuestas concretas a temas concretos, desde la prevención, lucha y sanción de la corrupción hasta los programas de mejoramiento de la educación, la salud, la seguridad ciudadana, las facilidades e incentivos a la inversión nacional y extranjera para fomentar una dinámica creación de empleos, única forma efectiva de combatir la pobreza, el fomento a la industria y el agro y el impulso a las exportaciones, entre otros temas básicos.
Cuentan los organizadores, además, con una batería de periodistas avezados, con experiencia y sagacidad probadas para no permitir que en vez de resultar un ejercicio franco y orientador, las exposiciones puedan derivar a un tedioso y reiterado monólogo de promesas electorales cuando no fantasiosas y en un simple torneo de descalificaciones personales.
En su capacidad y astucia para extraer el máximo de información de valía, confiamos quienes aspiramos a asistir el 20 de mayo las urnas con la más correcta valoración de las cualidades y posibilidades de cada aspirante para traducir su oferta electoral en una positiva obra de gobierno.
Si se logra esto y no hay por qué dudarlo, el cambio de debate entre dos a exposiciones de seis puede resultar mucho más provechoso.