“Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fín del mundo”Marcos 28, 20
El lado bueno de las cosas que acaban es que hay otras que empiezan. Siempre hay un reverso, y normalmente nos quedamos en un solo lado de la vida, sucumbiendo ante el fracaso y el dolor y revolcándonos en nuestra propia apatía. Muy pocos ven más allá de las circunstancias adversas. Muy pocos se atreven a voltear la página de un episodio desagradable, donde de seguro encontrarán la luz de una nueva oportunidad, los colores de un nuevo desafío, la armonía de un logro y la paz del aprendizaje.
Toda acción genera una reacción, y asi también los supuestos fracasos y los desastres naturales, siempre traen consigo experiencias positivas que nunca se hubieran dado, de no ser por ello. No con esto queremos decir que necesitamos tragedias o desastres para aprender, aunque a veces somos tan tercos, tan ciegos, tan despistados, que no aprendemos del curso normal de la vida, y nos alineamos con lo fácil, lo cómodo, lo material y lo superfluo. Jamás se nos ocurre que nos pueda pasar nada desagradable que cambie nuestra maravillosa vida de fiestas, comodidad, abundancia y éxito.
Y solo meditamos en la fragilidad de la vida cuando nos sacude fuertemente la realidad apabullante de su cortedad. Entonces elevamos plegarias, nos ponemos tristes, apesadumbrados y temerosos. Pretendemos cambiar el curso de nuestra vida y cuando la normalidad vuelve, sufrimos de una amnesia inmediata que nos imposibilita la paz verdadera en nuestro interior.
Y es que si logramos vislumbrar las lecciones que nos dan los acontecimientos del mundo en que vivimos, cambiaríamos definitivamente el curso de nuestra vida. Somos tan privilegiados que tenemos un Manual para seguirlo que no permite el fracaso. Sus páginas están llenas de sabiduría, bendiciones y promesas para todo aquel que crea. Escrita hace más de 2,000 años, sigue estando actual y vigente. Y todo aquel que sigue sus mandatos no sufre de angustias, ni el temor se aposenta en su interior, y por el contrario, la prosperidad, la alegría y la paz siempre lo acompañan. Las promesas de bendiciones son muchas y todas para aquellos que crean en El:
“Prueben y vean que el Señor es bueno. Dichosos los que en El se regocijan”(Salmo 34,8).
“El que quiere amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.” Salmo 34, 8
Y es que a tan solo dos semanas del sismo que conmovió las entrañas de Haiti, aun sentimos el impacto emocional de dicha tragedia. Muchos han acudido para ayudar de diferentes formas a nuestros hermanos, y otros se preguntan cómo pueden ayudar. Muy pocos han sido indiferentes y ciertamente esta tragedia nos ha calentado el corazón, nos ha sacudido el alma, y nos ha convertido en seres más compasivos y solidarios, en contraposición de la indiferencia y frialdad con que vivíamos. Los tiempos que vivimos hoy no son para heladas actitudes, ni siquierea para los tibios. Se necesitan de espíritus fogosos, llenos de fe, llenos de energía y de pasión, que provoquen los cambios que necesita la humanidad para que reine el amor. ¿Una utopía? No puede serlo, porque el mismo Hijo de Dios se hizo hombre para enseñarnos a vivir con amor. Y si El está con nosotros, ¿cómo no será posible? Solo necesitamos una nueva actitud de perdón, de misericordia, de solidaridad. Un nuevo enfoque que provoque la renovación de la esperanza, las ilusiones, las buenas ideas y los buenos propósitos. Que cada quien siembre su semilla de bondad por más pequeña que sea. Muy pronto, tendremos un inmenso bosque de cosas buenas, que como bálsamo de bondad, inundará el universo.
Porque estamos llamados a ser modelos del amor de Dios hacia el mundo. Nuestras vidas deben reflejar el amor de Dios y su perdón, porque siempre habrá alguien a nuestro derredor buscando esos dos regalos. ¡Atrévase a regalar ejemplos de vida! ¡Decídase a cambiar el mal por el bien, el temor por el amor! Porque el amor disuelve el miedo, nos regala paz y gozo y nos permite pisar la tierra y alcanzar las estrellas.
En nuestra portada y entrevista central les presentamos toda la energía, la fuerza y el carisma de una joven dominicana que se atrevió a desafiar la critica mundial para coronarse como Idolo de Latinoamérica. Martha Heredia comparte con nosotros su fascinante experiencia y nos confiesa sus planes futuros. Pero además, interesantes reportajes, nuestras tradicionales secciones y un reportaje gráfico de la tragedia en Haití, conforman esta edición que espero disfruten a plenitud.
Hasta la próxima y que Dios les bendiga,
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