Aprovecha. El jardinero afirma que vive cada momento de su vida como si fuera el último
Tal parece que Manny Ramírez conoce muy bien la canción “La vida es un carnaval”, de la fenecida guarachera cubana Celia Cruz, porque dice dormir tranquilo aún cuando los Medias Rojas de Boston no han tocado el tema de su status en el equipo.
“La vida hay que vivirla minuto a minuto, día a día. Principalmente, debo darle gracias a Dios que estoy saludable, tengo mis padres vivos y una hermosa familia”, dijo.
El jardinero dominicano expresó sentirse en la mejor etapa de su carrera y la firme disposición de jugar con el conjunto que requiera sus servicios.
“Estoy orgulloso de mi carrera con Boston y mi sueño es retirarme aquí pero ellos son los que deciden. Estoy tranquilo y con un equipo ganador”, dijo Manny al periódico Hoy en el Yankee Stadium.
Ramírez también confesó sentirse preparado mentalmente para cualquier decisión que tome su equipo mientras se mantiene trabajando arduamente para seguir sumando numeritos por unos cuatro ó cinco años más.
En caso de que el jugador llegue a la agencia libre, para nadie es un secreto que Nueva York es una llamativa plaza para el mismo, ya que es su ciudad adoptiva desde niño y aparentemente los “Bombarderos del Bronx” podrían necesitar un bateador de su calibre que ocupe el puesto de Jason Giambi.
Ramírez ha pegado 55 de sus 506 jonrones y 150 carreras empujadas contra los Yankees, siendo esta cantidad mayor de su carrera contra cualquier rival.
Ramírez, de 36 años, juega la última temporada del contrato de ocho años por 168 millones de dólares que firmó en el invierno del 2000.
Los Medias Rojas conservan dos opciones, de 20 millones cada una, para las próximas dos temporadas.
El introvertido jugador recientemente entró por la puerta grande al club de los 500 jonrones, hazaña que lo motiva seguir adelante con el propósito de ganar otra Serie Mundial.
Desde el 2006, el quisqueyano batea .475 (118-56) con 14 cuadrangulares y 38 carreras impulsadas contra los Yankees. Los primeros tres hits (incluyendo los primeros dos jonrones) de su carrera los pegó en Yankee Stadium el 3 de septiembre de 1993.
El Manny que pocos conocen. Mientras se paseaba por el clubhouse disfrutando un plato con pancakes, Manny accedió conversar un poco de su vida fuera del estadio, no sin antes agregar que esta redactora debía esperar que él terminara de comer porque no le gusta que lo miren.
Muchos lo ven como una persona que actúa impulsivamente, puesto que se ha visto envuelto en algunos incidentes como el de días pasados cuando confrontó problemas con un empleado en Houston, situación que terminó con un final feliz.
“Todo está olvidado, fue algo del momento y ya somos amigos”, explicó el jugador amablemente.
Manny dice ser una persona tranquila, con una personalidad diferente a lo que las personas creen de él y confiesa su pasión por los libros y la música.
“Me gusta leer mucho. Ahora mismo estoy leyendo libros sobre Yoga y me relaja bastante”, dijo.
De seguro nadie imagina al temido bateador utilizando sus brazos para otra cosa que no sea hacer swing y desde los jardines intimidar a los contrarios en el corrido de las bases, pues él mismo dice que se divierte con el oficio de Disc Jockey.
“Me encanta la música y creo que si no hubiera sido pelotero, me dedicara a DJ, tu sabes mezclando con los platos”.
En cuanto a sus gustos musicales, y a juzgar por su apariencia, creeríamos que es fanático del reguetón, hip hop o rock, sin embargo, Manny sorpresivamente revela su admiración por el cantautor español Julio Iglesias.
“Es uno de mis artistas favoritos y me gustaría ir a uno de sus conciertos para conocerlo personalmente”, manifestó.
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