Jacobino, pequeñoburgés a conciencia, poeta y de buen ojo, nunca quiso jugar al cazador cazado (gente de la cámara delante de la cámara). No hay muchas fotos de Marker, evadía a lo que más amaba: La Cámara. El siglo XX estrenaba sus 21 años cuando Marker nacía en un lugar preciado de su clase en París: Neuilly Sur Seine, situado en la margen derecha del río Sena, aquel espacio sigue siendo la tradicional vivienda de políticos, artistas y periodistas, no podía nacer en otro lugar este caballero misterioso que contrario a lo que muchos podrían pensar, en cronología de edad coincide con la Nouvelle Vague (la Nueva Ola francesa, movimiento cinematográfico), pero Chris Marker tenía un grupo paralelo que se llamaba la Rive Gauche.
En la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de París surgieron múltiples manifestaciones y movimientos artísticos, entre ellos el de la Rive Gauche, denominación de la margen izquierda del río Sena en su curso sur. Allí nacería la revista de cine Positif, mientras en la Rive Droit nacería la revista de la Nueva Ola francesa, Cahiers Du Cinemá.
Los dos movimientos tenían escritores y cineastas, y se ha llegado a considerar que en cierta manera, los cineastas nacidos de la Rive Gauche, Chris Marker uno de los más notables y respetados, fueron siempre disidentes elegantes de la llamada Nouvelle Vague, la Nueva Ola francesa.
No se debe olvidar que en ese grupo estuvo también el excelso Alain Resnais (Noche y niebla, 1955; Hiroshima mon amour, 1959 ; El año pasado en Marienbad, 1961; La guerra ha terminado -La guerre est finie-, 1966 y entre otras película, Mi tío de América, 1980), Alain Robbe-Grillet y Margarite Durás.
Es muy probable que un análisis de la obra de Chris Marker denote ciertas tendencias estéticas más libres en su carrera de gran documentalista y creador fílmico experimental, siempre con una aleación estricta del militante político lúcido, capaz de traducir con belleza sus ideas políticas a lo largo de toda su obra.
CHRIS MARKER, INICIOS Y COLABORACIÓN CON ALAIN RESNAIS
A decir verdad, la obra internacional de Marker se inicia con un documental experimental, convertido en cinta de culto, hoy día titulada La Jetée (1962).
Sin embargo, su primer documental lo hace en 1952, titulado Olympia, inspirado en las Olimpiadas celebradas en Oslo, Noruega. En total, Marker rueda 46 documentales y me limitaré a señalar los que fueron importantes y decisivos en su carrera, de tal modo que se comienza a pensar que fue el creador de una tendencia documentalista conocida como el documental subjetivo, huelga explicar que este marco correspondería al de un artista de la imagen innovador y de gran talento.
Chris Marker pudo ser militante incólume de las fuertes ideas de izquierda de los años 60 y al mismo tiempo, cosa extraña en una persona politizada hasta los tuétanos, un gran revolucionario de las formas para expresarse en imágenes.
De hecho, en su obra más política cubre desde 1953 hasta 1977... En 1953, junto a Alain Resnais rueda Las estatuas también mueren de pie, con la ayuda de la Revista Presencia Africana, símbolo en apogeo y vocera del movimiento de la negritud.
Impedida de entrar en la competición del Festival de Cannes de ese mismo año, Las estatuas también mueren de pie (1953) todavía tiene una fuerte vigencia en los argumentos originales: la defensa anticolonial del uso del arte africano en Occidente y esa mirada corrosiva sobre el desprecio de la Europa colonial a la historia fundacional de África como continente.
El dato de la censura de 1953 está ligado, además es de justicia recordarlo, a la visión que tenía el gran patrón de la cultura en los tiempos de Charles De Gaulle, Andres Malraux. Cuyo poder para crear toda una ideología de la cultura paternalista le ayudó a crear una era Malraux, cuyas ideas de fondo era la justificación de la visión colonial del África y sus artistas...
También en colaboración con Resnais, otro documental de escándalo famoso: Nuit et Bruilllard (Noche y niebla, 1955). Aquí hay un testimonio terrible sobre los campos de concentración abandonados luego de la caída de los nazis en Europa. Fuerza de imágenes que narran por sí solas el terror y la vejación hacia seres humanos indefensos.
Un reclamo a la historia maldita de la Segunda Guerra Mundial en nombre de la humanidad, cuyo texto de modo sabio deja entrever una absoluta desconfianza hacia el futuro (que es hoy) y la imposibilidad real del carácter aleccionador, de esa memoria trágica en nuestros días.
SUS ACIERTOS Y OBRAS DEFINITIVAS...
El gran éxito de Chris Marker fue La Jetée, realizada en 1962, filmada en blanco y negro, dura 28 minutos y ha sido calificada como un sorprendente documental ficción que ha soportado los años y hoy es un film de culto: totalmente anticomercial de excelente factura. Al cabo del tiempo, ha inspirado a varios directores y actores: a Terry Gilliam, al director Mark Romanek que trabajó al servicio de David Bowie en el videoclip Jump, They Say (1993) y a Gilliam en el famoso film 12 Monos. Más que inspirarse, agregaría yo, las ideas básicas de La Jetée están en esa película para gran público de cine a lo Hollywood.
Famoso como documentalista y gran creador de imágenes, meticuloso del montaje, elemento interesante y marca de fábrica de los cineastas de la Rive Gauche, su fama corría por el mundo, como un documentalista comprometido con sus ideas, entonces en 1977 aparece otra obra ambiciosa y determinante para sus posiciones políticas, Le Fond de l'air Est Rouge (El fondo del aire es rojo, 1997).
Acabo de ver, de nuevo, el inicio del primer capítulo de este cine-fresco, en el sentido de ese arte según los romanos, en el que las paredes enteras narraban un evento. El fondo del aire es rojo, es la reflexión visual sobre hechos políticos definitivos del siglo XX. La primera parte se titula Las manos frágiles, abre con una secuencia de El acorazado Potemkin (1925), de S.M. Eisenstein.
En sus genialidades, Marker hace un excelente juego de montaje y desde las escaleras de Odessa mira la marcha de la gran humanidad (quizás la de T. Chardin) haciendo la historia en la calle, manifestándose, masacrada a veces, corriendo bajo el humo de los gases de los esbirros.
En un juego de la historia que mira la historia, Marker hace maravillas interpretativas con un sentido de ironía en un análisis digno de conmover a un público, incluso no muy advertido.
Clave es la famosa secuencia del macabro y sádico diálogo de los aviadores norteamericanos mientras se dirigen a bombadear con fuego de Napalm, cerca de la península de Cá Mao, hacia Vietnam del Sur. Sin lugar a dudas, esta será una de sus grandes obras. (CFE)
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