Arte y literatura entre Haití y la RD
Las repúblicas Dominicana y de Haití conforman y comparten un espacio geográfico, histórico y cultural de excepción en la región del Caribe.
Su geopolítica de isla compartida por dos pueblos y dos naciones ofrece al imaginario un amplio material creativo.
Estamos ante una tierra de fecundo patrimonio de la palabra oral, eco de Anacaona, Bohechío, Caonabo, palabra del areito y también del tambor, porque aquí también estamos en la tierra de Enriquillo y de Makandal.
Las dos naciones tienen un patrimonio literario propio, vinculado estrechamente a sus herencias ancestral e histórica, pero también a sus mitos y leyendas, como a su entorno socio-político.
Los escritores haitianos y dominicanos mantienen una relación íntima con los sucesos bélicos, las guerras de liberación, las independencias, los desastres naturales, sociales y sus dos dictaduras contemporáneas.
En la literatura haitiana del siglo XX y las de finales del siglo XIX, tanto los ensayistas, los poetas y los novelistas insisten en buscar una verdad de Haití, reiterando siempre la memoria del origen. Esto, llevado a profundidad, nos pone a pensar que Haití es densa materia de escritura desde las primeras novelas campesinas de Èmeric Bergeaud a los autores e intelectuales como Price-Mars, Jacques Roumain y Jacques Stephen Alexis, así como los actuales, Ollivier, Laferriere, Trouillot, Frankètienne, Chauvert, Mètellus, Charles y Dalembert, entre otros.
Desde la época de los cacicazgos, las figuras de los caciques y de los jefes indígenas son fundamentales.
En República Dominicana, Galván, a través de su obra Enriquillo, publicada en 1882, se inspira en la rebelión del cacique indígena Guarocuya, bautizado Enrique por los curas que lo educaron y luego de convertirlo al cristianismo.
En las páginas del citado libro podemos disfrutar de una narrativa que nos ofrece las luces de la sangrienta rebelión de los indígenas.
También, el territorio precolombino lo podemos conocer a través del género de Las Crónicas de las Indias de Bartolomé de las Casas y de las memorias de Pané.
Volviendo a la literatura haitiana, es importante señalar que a finales del siglo XIX, esta tuvo exponentes de una literatura abiertamente indigenista, de una definición puramente haitiana, referenciada y pensada desde los aportes de Rivet, que influenció a Price-Mars, aunque también a Jacques Roumain. Se trata ante todo de acercarse a la autenticidad autóctona, tomando en cuenta la contextualización con África, después de la desaparición de los taínos.
En 1989, el dramaturgo Jean Mètellus, escribe y presenta la obra Anacaona en París, donde reside y ejerce como gran médico neurocirujano, además de intelectual. Dicha obra fue puesta en escena en el Teatro de Chaillot por Antoine Vitez, en una escritura lírica y épica influenciada por el teatro histórico de Víctor Hugo. En dicha obra la visión de reino taíno está inspirado por Anacaona, hermana de Bohechío, condenada a un autodafè.
Con estos dos ejemplos, a un siglo de diferencia observamos que la memoria precolombina se ha mantenido en la producción literaria insular.
Galván vierte su narrativa en la novela, mientras que Mètellus se inclina por el teatro.
El entorno existencial y el medioambiente rural aparecen en diversas narrativas, tanto haitianas como dominicanas, en las que los autores de fuerte sensibilidad social y nacional se inspiran en la dureza de la vida campesina y en la pobreza para hacerse testimonios y portavoces de esa dura realidad. Tal como lo encontramos en la obra “Así hablaba el tío” de Jean Price-Mars, lo mismo ocurre en la obra de Juan Bosch, “La Mañosa”; caracterizándose estos autores en una toma de conciencia en la que se hacen espejos solidarios de los olvidados.
Tenemos en estas dos obras una visión objetiva de la narrativa social y realista de ambas naciones. Con la obra de don Juan Bosch, República Dominicana penetra al continente hispanoamericano. Gracias a sus cuentos escritos antes y después del exilio. La personalidad intelectual y política de Bosch permitió entrelazar a Dominicana en el movimiento de la creación literaria de América, tanto en su renovación como en la problemática latinoamericana del modernismo y del pensamiento político.
Bosch conforma una totalidad de exilio y de escritura que constituyen las columnas de su pródiga y ejemplar vida.
A nuestro juicio crítico, la obra y vida de Juan Bosch son fundamentales para estudiar la sociedad dominicana; su intelectualidad y producción literaria. Definitivamente, gracias a este gran intelectual y político, su país entró con pie noble y firme en la cuentística latinoamericana, vuelvo y repito, enlazando la República Dominicana con otrosde los continentes.
Al otro lado de la isla, entre los años 50-60, Jacques Stephen Alexis, abre su vínculo con África, sobre todo en su destacada participación en la Conferencia Internacional de los Artistas e Intelectuales Negros del año 1956. Convocatoria abierta y conceptualizada por el intelectual senegalés Leopold Sèdar Senghor, así como por Aimé Cèsaire y por Diop.
Las ocupaciones norteamericanas en las dictaduras duvalierista y trujillista, son trasfondo fundamental de la producción literaria insular. Así como en República Dominicana el personaje de Trujillo obsesiona la memoria colectiva y trasciende plenamente más allá de los 46 años de su matanza en Haití, las huellas de las dos etapas de los Duvalier, se mantienen presentes en el imaginario colectivo haitiano como un proceso histórico inacabado.
Los autores haitianos que más se inspiraron de la dictadura, partieron al exilio y fecundaron sus obras en Canadá, Estados Unidos y Francia. Fueron esos intelectuales quienes en detalle dieron a conocer los horrores de esa tiranía, y están sus contenidos en las obras de Jacques Stephen Alexis, quien trascendió con su novela “Mi Compradre General Sol”, influenciado indiscutiblemente por Jacques Roumain, autor de “Gobernadores del Rocío”.
Tanto Roumain como Alexis se empaparon de la gran producción literaria de los años 40’60, a través de sus periplos por Cuba, Méjico y Francia. Cabe destacar, que estos dos intelectuales han marcado el salto fundamental, sobre todo, J.S. Alexis, quien dio el inicio de una narrativa contemporánea en el que la ficción y la realidad convergen en metáforas y alusiones fantásticas y simbólicas.
En el caso haitiano, debemos considerar que la dictadura significó una red, un sistema de represión y oscurantismo que ha caído en el pueblo haitiano como una desgracia. En el caso dominicano, el dictador es un personaje sobre evaluado en la producción literaria cuya presencia estamos padeciendo con la embestida trujillista de las memorias de su hija Angelita. Trujillo es una figura protagónica y novelesca, como género y como personaje humano que en ocasiones trasciende la crueldad de su sistema y sus hazañas… Los intelectuales haitianos y los creadores han preferido inspirarse más de su cultura y de su pueblo que de una figura dictatorial. Escriben más con los recursos de los usos y costumbres culturales, sociales y referentes a su magico religiosidad
Después de casi veinticinco años del déchoucage de Duvalier hijo su figura protagonista no se ha impuesto a la creatividad contemporánea con la sistematización de convertirse en un duende del imaginario.
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