27 Junio 2009, 11:43 PM
Encuentros
Me pregunto si esta es la patria que amo

Si alguien quiere saber cuál es mi patria

no la busque,

no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

o si tiene espirales en las piedras

o si tiene sabor ultramarino

o si el clima le huele en primavera.

No la busque ni alargue las pupilas.

No pregunte por ella….

Siga el rastro goteando por la brisa

y allí donde la sombra se presenta,

donde el tiempo castiga y desmorona,

ya no la busque,

no pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

su instantáneo chispazo de presencia,

su funeral de risa y de sonrisa,

su potrero de espaldas indirectas,

su puño de silencio en cada boca,

su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguantadas en la fábrica y

sus pies descalzos en la carretera,

las largas cicatrices que le bajan

como antiguos riachuelos, su siniestra

figura de mujer

obligada a parir

con cada coz que busca su cadera

para echar una fila de habitantes

listos para la rueda,

todo dirá de pronto dónde existe

una patria moderna.

Dónde habrá que buscar y qué pregunta

se solicita. Porque apenas

surge la realidad y se apresura

una pregunta, ya está la respuesta.

No, no la busque.

Tendría que pelear por ella...

Pedro Mir

(Si alguien quiere saber cuál es mi patria)

Abrí los ojos al mundo en mi natal Santiago.  Una ciudad portante, capital del Cibao,  centro del dinamismo económico.

Nadie me preguntó si quería nacer. Nadie me dijo que sería Caribeña, a pesar de mi rostro oriental. Soy híbrida de ascendencia, pero de una sola y única patria. 

Simplemente llegué a este mundo y, sin proponérmelo, amé esta tierra que desde siempre la he llamado mi patria. Como decía Fustel de Culanges, la patria es aquello que se ama. Es el sentimiento nacido del vínculo cotidiano con los colores, los sabores, los espacios y los olores de una tierra que aprendes a descubrir y a amar sin condiciones.

Como toda caribeña que ha tenido la oportunidad de zarpar allende los mares, necesito con urgencia el calor, el sudor pegajoso de los días de sol intenso. 

Cuando estoy lejos y miro al cielo y veo la tenue luz, el frío, la rigidez de la gente; añoro los gritos, la alegría, la música alta, las bocinas indiscriminadas y los rayos incandescentes del trópico.

Sin embargo, después de haber vivido más de medio siglo en esta tierra; después de haber enterrado con lágrimas muchas de mis ilusiones; después de ver cómo se esfuma la esperanza de un futuro mejor; después de haberme rendido, porque me he cansado de suplicar un ejercicio decoroso y ético de la política; rendida por cansancio de gritar en contra de la corrupción pública y privada; me pregunto, me pregunto, me pregunto si hay razones para amar esta patria pisoteada.

A veces me siento noqueada cuando escucho cada 27 de Febrero los discursos hipócritas de funcionarios y políticos.

Todos afirman que Duarte ¡Pobre Juan Pablo! es la inspiración de sus días. ¡Ay, Juan Pablo, cuantas mentiras dicen en tu nombre! Me hacen sentir asqueada.

¡OH, Dios, cuántos Pinochos tiene esta política! 

Espero con ansias que sus narices crezcan sórdidamente para que el público pueda ver y medir cada una de sus mentiras.

Cuando veo los anuncios pagados en páginas completas anunciando rebajas con motivo de las fiestas patrias, me lleno de tristeza. ¡Ay, Juan Pablo, tu nombre es ahora una vil y maltrecha mercancía!

A veces dudo si la patria que amo es la misma de ellos.  De esos, los que en nombre de la patria, cometen atropellos y juran falsas promesas. 

Todos amamos esta patria. ¿Cuál patria? La patria de los que despilfarran, sin remordimiento alguno, el patrimonio público.

O la patria de los sin nombres, los desvalidos de siempre.  ¿Podrá amar su patria, Cándida, la mujer que se agobia porque tiene una deuda descomunal de RD $ 12,000 en el colmado?  ¿Podrá ella amarla a sabiendas que su incapacidad productiva es el producto de la desigualdad social?  ¿Podrán las otras Cándidas, mujeres del pueblo que por deudas de hambre ya no pueden comprar leche a sus hijos, Como Mary, que espera con su sueldo de miseria pagar una “gran deuda” de RD $ 10,000.00?  No, no quiero amar esta patria con tantas dobleces, con tantas mentiras y tantas hipocresías.  Quizás he idealizado mi patria.  Tal vez he amado una patria ideal que no existe y que nunca ha existido. 

Díganme qué hacer.  Díganme cómo decirles a los jóvenes que amen y luchen por su patria.  Díganme cómo motivar a los jóvenes para que transformen su herencia, cuando nosotros los adultos de hoy hemos fracasado en nuestro intento de legarles una sociedad con menos desigualdades,  una sociedad de paz, con menos conflictos bélicos, respetuosa de los derechos humanos,  sustentada en el puro y simple humanismo. 

No tengo respuesta.  Seguiré en las aulas, ocultando a los jóvenes  mis frustraciones y desesperanzas. 

Seguiré en las aulas, intentado hacer lo que otros maestros hicieron conmigo: sembraron esperanzas y deseos de luchar...

A pesar del pisoteo cotidiano de mi patria, la sigo amando, sencillamente porque no puedo dejar de amarla.  Porque a pesar de las ilusiones maltrechas, no puedo dejar de luchar por ella.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

lo diré en una tarde americana.

Cuando el mundo se quite la cabeza

y le arranque la espina innominada.

Cuando el hilo de todas las fronteras

teja como una alfombra todas las patrias.

Y una risa inmensa

recorra las montañas

y haga huir como murciélagos despavoridos

a los acorazados con sus arrogancias,

con su larga cadena de oprobio

que une nuestras gargantas

y nos saca en sangre pulpa

las tierras perfumadas...

Pero ahora

nadie pregunte por la patria

de nadie.

Y el día en que estalle

la libertad suprema y soberana,

procure estar bien cerca y bullicioso

porque habrá una gran patria,

una grande, inmensa, inmóvil patria para todos

y no habrá ni un país para estas lágrimas... 

Pedro Mir.

mu-kiensang@hotmail.com

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